Escenas de crímenes violentos y lectura criminalística del modus operandi
La descripción analítica de la escena del crimen tiene como objetivo realizar un diagnóstico criminalístico de todo lo observado y verificable en el sitio donde se produjo un hecho violento.
Al desarrollar esta actividad, se examinan los elementos visibles, la distribución de los indicios y su interpretación técnico-pericial. Todo ello se registra mediante fotografías y videos para detallar las características del entorno (por ejemplo, una vivienda o una superficie determinada), describiendo pisos, paredes y mobiliario, entre otros elementos.
El entorno central resulta de vital importancia, en especial, las áreas donde se observan manchas hemáticas u otros restos biológicos en diferentes formas e intensidades (goteo, contacto directo, escurrimiento y otros patrones). Estos indicios también se manifiestan en prendas de vestir, objetos diversos, papeles, servilletas y calzado ubicados cerca del punto principal de concentración hemática o restos biológicos.
El estudio en la escena
Dentro del análisis técnico-criminalístico, las manchas de sangre deben estudiarse in situ, es decir, en la escena del crimen, vinculándolas con aquellos efectos o indumentarias que presenten patrones compatibles con una agresión o una caída violenta.
La presencia de manchas en una pared sugiere que el cuerpo —o parte de él— tuvo contacto con esa superficie o estuvo en movimiento dentro del recinto. Por su parte, la presencia de calzado en la escena puede corresponder al desprendimiento durante una agresión o al movimiento del cuerpo en el marco de una lucha.
Lo mismo ocurre con la deformación o aplastamiento de anteojos, la dispersión o rotura de objetos y teléfonos celulares, o la existencia de armas de fuego o las llamadas armas blancas, no relevadas, que puedan contener ADN diferencial.
De ser necesario, se puede efectuar una reconstrucción indirecta evaluando otros elementos incorporados a la investigación —como ropas u objetos adicionales—, readecuando los patrones de manchas de sangre al contexto del hecho y redefiniendo las acciones y posiciones de los sujetos involucrados en los distintos momentos del proceso.
De acuerdo con la evidencia visual, la imagen del sitio representa una escena con indicios hemáticos asociables con un evento violento. La disposición de las manchas sugiere una agresión, siendo relevante para determinar la posición de la víctima, la dinámica de los hechos y el punto de origen del sangrado de cada uno de los implicados.

La perspectiva del comportamiento humano
Reconocer las manifestaciones de la escena del crimen o los patrones conductuales permite a los investigadores caracterizar a los sujetos y distinguir las actividades y los movimientos de los participantes del hecho.
En el análisis de la escena del crimen, y desde la perspectiva del comportamiento humano, se analizan el modus operandi, la firma y la puesta en escena (staging) de cada uno de los partícipes.
El modus operandi es una conducta aprendida que evoluciona con el tiempo a medida que los sujetos adquieren experiencia y confianza.
Las personas que son delincuentes habituales modifican continuamente su accionar para satisfacer las exigencias del delito, mientras que su aspecto distintivo o firma permanece constante y perdurable.
Esta evolución no suele presentarse en hechos ocasionales motivados por circunstancias violentas de otra índole.
En el caso de los delincuentes recurrentes, el comportamiento puede evolucionar progresivamente de un delito a otro, o bien desarrollarse más plenamente los elementos de su ritual original.
Sin embargo, el investigador no siempre logra identificar estos rasgos distintivos, especialmente en delitos violentos con víctimas de alto riesgo o en estados avanzados de descomposición cadavérica, lo que dificulta el reconocimiento de la firma del agresor.
En la mayoría de los casos, la escena del crimen posee personajes, una trama, un inicio, un desarrollo y una conclusión. No obstante, la resolución final depende de la capacidad de los peritos asignados para interpretar el entorno y responder quién, qué y cómo se desencadenó el hecho.
Las características individuales hacen que cada persona actúe, reaccione y funcione de una manera única y específica dentro del contexto. Este comportamiento individualista suele ser consistente, independientemente de la actividad que se realice.
Dado que la comisión de un delito violento implica todas las dinámicas del comportamiento humano "normal", aprender a reconocer estas manifestaciones permite a los investigadores descubrir de manera integral las acciones de cada sujeto presente.
En este sentido, existen tres manifestaciones principales del comportamiento en la escena:
- el modus operandi,
- la personificación o firma,
- y la escenificación.

El rol del investigador
En conclusión, el análisis de escenas de crímenes violentos exige que los investigadores criminalísticos actúen como "diagnosticadores".
Deben ser capaces de analizar las escenas para obtener los mensajes que emiten y comprender la dinámica del comportamiento, de los sujetos involucrados, los indicios y evidencias existentes en la escena del crimen.
Asimismo, los investigadores también deben tener la capacidad de reconocer las distintas manifestaciones del comportamiento para poder formular las preguntas adecuadas y obtener respuestas válidas.
Al abordar cada escenario con conciencia de estos factores, los investigadores mejoran progresivamente su capacidad para leer la verdadera historia detrás de cada crimen violento.
Incluso, de ser necesario, esta labor se complementa mediante una reconstrucción indirecta posterior al hecho investigado, donde la complejidad de la situación abarca un universo de variables que deben ser valoradas para verificar con precisión la actividad desplegada de cada uno de los actores, es decir, no solo por el victimario, sino de la totalidad de los sujetos que están presentes o involucrados en el hecho.











